Abel Hernández Muñoz

1962 · 1 libro

Biografía

Nombre y apellidos: Abel Hernández Muñoz Estudios terminados: Licenciado en Biología por la Universidad de La Habana (1988) y Master en Ecología y Sistemática Aplicada por el Instituto de Ecología y Sistemática de Cuba (2003) Membresía de la UNEAC: miembro desde 2003, por la Asociación de Escritores y Vicepresidente del Comité Provincial de la UNEAC en Sancti Spiritus desde 2008. Cantidad de hijos: una niña. Estado civil: divorciado. Síntesis curricular: Abel Hernández Muñoz (Placetas, Cuba, 11 de octubre de 1962), es divulgador científico, poeta, narrador, investigador y profesor. Biólogo (1988) de formación universitaria, Master en Ciencias de Ecología y Sistemática Aplicada (2003) Profesor Auxiliar de Ecología y Sociedad en la Universidad de Sancti Spíritus José Martí, y de Genética Ecológica en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Silverio Blanco, de Sancti Spíritus. Posee la categoría científica de Investigador Auxiliar, otorgada por el Instituto Cubano de Investigaciones Culturales “Juan Marinello” y la Academia de Ciencias de Cuba. Es considerado una de las voces sobresalientes de la actual divulgación científica en Cuba[1] [2] Es considerado una de las voces sobresalientes de la actual divulgación científica cubana[1] [2] Dueño de una limpieza lingüística que resume en el ámbito de la prosa sus conquistas poéticas y un hálito mítico al incursionar (valorativa, incisivamente) en el mundo natural, su obra propone variantes interesantes dentro de la tendencia a la metáfora, el uso de símbolos y los referentes, maduras en tanto significan la consolidación de un oficio con sello propio en torno a ciertas zonas temáticas abordadas por otros creadores de esta materia. Nació el 11 de octubre de 1962 en el poblado de Placetas, provincia de Villa Clara, Cuba. Cursó sus primeros estudios en la escuela primaria Conrado Benítez, los estudios secundarios en la escuela secundaria básica Nieves Mocejón y el bachillerato en el instituto preuniversitario Elcire Pérez González (todos en el municipio Cabaiguán, provincia Sancti Spíritus), y en 1988 se graduó de Licenciado en Biología por la Universidad de La Habana. Desde 1988 hasta 1998, fue especialista en fauna, áreas protegidas y cinegética de la Academia de Ciencias de Cuba. De 1998 hasta 2002 ejerció importantes funciones en el Departamento de Investigaciones Culturales de la Dirección Provincial de Cultura y Arte de Sancti Spíritus; entre el 2003 y el 2004 fue Director del Jardín Botánico de Sancti Spiritus; desde 2005 hasta 2007 fue profesor de la disciplina biología de la Universidad de Sancti Spiritus José Martí Pérez; del segundo semestre de 2007 hasta 2009, ocupo el cargo de Director del Museo de Historia Natural de Sancti Spíritus “Juan Cristóbal Gundlach”; y desde 2010, Jefe del Departamento de Investigaciones de la Dirección Provincial de Cultura y Arte de Sancti Spíritus. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba desde el año 2003 y Vicepresidente del Comité Provincial de la UNEAC en Sancti Spíritus desde 2007. Actualmente reside en Sancti Spíritus, Cuba. Evaluación literaria Abel Hernández Muñoz (Placetas, 1962) se ha convertido en este albor del siglo XXI, de tan intensas preocupaciones ecologistas, en uno de los más destacados autores de libros de divulgación científica para jóvenes en Cuba. A su sólida formación académica como biólogo une Hernández Muñoz, una viva sensibilidad hacia la naturaleza y un sentido de comunicación que le permite tratar temas de alta complejidad de modo claro y ameno, condición esencial de este género típico de una época de asombrosas conquistas científicas, no siempre acompañadas de la conciencia que permitiría salvar al planeta de un peligro real de destrucción a no muy largo plazo. De esas cualidades e inquietudes se nutre el libro Mamíferos que vuelan, publicado por Gente Nueva en el 2002 y ganador del Premio La Edad de Oro un año antes. Consciente el autor de que los murciélagos han sido víctimas seculares de los miedos y las crueldades de los hombres, se dedica con rigor informativo a despertar el interés de los lectores por seres tan poco estimados, que resultan, sin embargo, como el argumenta convincentemente, de enorme utilidad para el equilibrio ecológico. Conocer para evitar conductas irracionales, más bien propias de la Edad Media, parece ser la divisa de Abel, quien tiene el acierto de hablarnos no solo de la biología, sino también de los comportamientos culturales en torno a un animal de tan marcada huella en el imaginario social de los pueblos. Su abordaje del manoseado tema de los vampiros, es un buen ejemplo de cómo tratar con seriedad y sin ocultar ningún elemento, un tópico objeto de ancestrales prejuicios. En los capítulo conclusivos el autor consigue, sin perder el tono de general sobriedad, una compenetración con su materia, de resonancia poética, que trasciende felizmente la mera información. Su hasta ahora domeñada vena lírica se despliega en un párrafo final de

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