Amazonas la Cuna de Los Chachapoyas
Arturo Mori Hidalgo
“¿A que folklore Ud. se refiere en su libro, si nosotros los Chachapoyas somos una raza pobre y un territorio olvidado del Perú?” Un estudiante universitario dijo, cuestionando al profesor Arturo Mori Hidalgo durante una reunión de Chachapoyanos en la ciudad de Lima el año 1991. De hecho, nuestra historia republicana de olvido y abandono ha trasmitido este frustrante sentimiento a muchas generaciones. Sin embargo la grandeza de Los Chachapoyas no se puede ver porque solamente se puede sentir en nuestros corazones, y afortunadamente, Arturo Mori por mas de 70 años esta revelando al mundo que Los Chachapoyas, como otras grandes civilizaciones, es una maravillosa sociedad dueña de su propia historia, territorio y folklore; y cuyos hijos están dando al mundo amor y prosperidad. Apreciada audiencia, este escrito es una breve crónica acerca del niño, profesor y discípulo Arturo Mori Hidalgo y de sus mas importantes logros difundiendo nuestra historia y cultura. A lo largo de esta presentación, la palabra “Chachapoyas” y sus derivados se refieren a las pasadas, presente, y futuras generaciones de la civilización de Los Guerreros de las Nubes--Los Chachapoyas—y su territorio: el departamento nororiental del Perú Amazonas, así como las provincias vecinas de los departamentos de La Libertad y San Martín. También la diosa inca de la fertilidad y la naturaleza Madre Tierra es llamada por su nombre nativo “Mamapacha.” El amor de su madre Teodolinda Hidalgo, la provisión de Mamapacha, y los extraordinarios restos arqueológicos de Los Chachapoyas han inspirado al profesor Arturo Mori Hidalgo para materializar una extensa producción literaria por la cual el Mundo esta conociendo el alma, espíritu y las maravillas de Los Chachapoyas, como es explicado a continuación. El año 1925, cuando Arturo tenía 7 años de edad, su padre German Mori Alba falleció trágicamente mientras trabaja en su finca localizada en las orillas del río Marañon. Esa perdida forzó a la viuda Teodolinda Hidalgo a trabajar muy duro para criar a sus siete hijos huérfanos. Sin la ayuda de un esposo, ella tuvo que sembrar la tierra lampa en mano, cargar las mulas con sacos de papas y maíz, y dirigir las caravanas de ganado desde y hacia las remotas vaquerías. Siendo testigo de este sacrificio, el niño Arturo comenzó a percibir a su madre como una heroína capaz de proveer amor y soporte no solo para su familia pero también para su querido pueblo natal. De esta manera, el amor, valor y ejemplo de su madre nutrieron el alma de Arturo quien creció amando a su entera familia la comunidad de Leimebamba, y posteriormente a toda su gente Los Chachapoyas. Simultáneamente, Mamapacha en una subliminal dimensión era similar a su madre Teodolinda. ¡Si! la cosecha de papas, maíz, granos, hortalizas y legumbres era abundante; los exuberantes pastizales de las vaquerías producían un ganado saludable y hermoso; y las nubes del cielo regaban la tierra proveyendo a la foresta vida y sin igual color. En esta atmosfera, el niño Arturo alcanzo la juventud conectado a Mamapacha quien proveía abrigo y soporte a Teodolinda y su familia. Como resultado, el olor del barro y la tierra, el sonido del trueno, la lluvia cayendo del cielo, y los ríos y las montañas hallaron gracia en los ojos del niño Arturo. Pero Mamapacha no estaba sola, ella estaba llena de sonidos, colores, aves, animales, leyendas y un rico folklore que inspiraron en los años venideros a Arturo Mori, el escritor, a relatarle al mundo la crónica de estas maravillas. Para sembrar la tierra y criar el ganado, la familia Mori permanecía por largas temporadas en su vaquería localizada al sur de Leimebamba. Allí, una mañana mientras corrían respirando el fresco aire de las montañas, Arturo y su hermano mayor Conrado descubrieron una mina y un cementerio de Los Chachapoyas en un área escondida de la propiedad; para su sorpresa, ellos también notaron que las colinas vecinas estaban plantadas de extraordinarias ruinas. “¡Uau!” dijo Conrado y pregunto a su hermano “¿Quienes son los que construyeron estas maravillas?” Emocionado, Arturo respondió “No se. Pero ellos deben ser gigantes como my madre Teodolinda y Mamapacha.” Posteriormente, Arturo aprendería que el nombre de los constructores era Los Chachapoyas—una raza de titanes perdida en el tiempo. Ahora que tenemos un entendimiento de los orígenes del niño y joven Arturo, permítanme presentar al educador y escritor Arturo Mori. De hecho, teniendo su corazón lleno de emociones y siendo un poblador y viajero de todo el territorio de la patria de Los Chachapoyas, Arturo Mori ha dado cuenta de nuestra historia y cultura a través de incontables composiciones poéticas, históricas, y teatrales; además de numeras disertaciones, ensayos y libros. Después de ganar una beca, Arturo Mori comenzó su carrera de educador y escritor después de graduarse como profesor de educación primaria de la entonces Normal Rural de Pomacochas—alma madre también de prestigiad
Arturo Mori Hidalgo