Cinco clásicos en español para empezar (o para volver)
Cinco novelas cortas o casi que aguantan cualquier relectura: Rulfo, Laforet, Borges, Sabato y García Márquez. Ninguna pasa de las cuatrocientas páginas salvo una.
Administrador · · 2 min de lectura
«Clásico» asusta menos cuando se piensa en libros concretos. Estos cinco tienen algo en común: se leen en pocos días, no necesitan notas a pie de página y, terminados, dan ganas de hablar de ellos con alguien. Que es, al fin y al cabo, para lo que está readmunity.
1. Pedro Páramo, Juan Rulfo (1955)
Juan Preciado llega a Comala buscando a su padre y encuentra un pueblo de murmullos. Poco más de cien páginas que cambiaron la novela en español: el tiempo va y viene, los muertos hablan y, sin embargo, nunca te pierdes del todo. Si solo vas a leer uno de esta lista, que sea este.
2. Nada, Carmen Laforet (1945)
Andrea llega a la Barcelona de posguerra para estudiar y se instala en la casa de la calle Aribau con una familia que se deshace. Laforet lo escribió con veintitrés años y ganó con él el primer Premio Nadal. Es una novela de aprendizaje sin sentimentalismo, con una ciudad que se huele y un final que no consuela pero alivia.
3. Ficciones, Jorge Luis Borges (1944)
No es una novela sino diecisiete cuentos, y por eso se puede empezar por cualquiera: «La biblioteca de Babel», «El jardín de senderos que se bifurcan», «Funes el memorioso». Borges plantea una idea imposible —una biblioteca infinita, un hombre que lo recuerda todo— y la sigue hasta el final con toda la seriedad del mundo. Se lee despacio y se relee mejor.
4. El túnel, Ernesto Sabato (1948)
«Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne». Con esa primera frase ya sabes el final; lo que importa es el camino: la confesión de un hombre que convierte la obsesión en lógica. Corta, oscura y muy difícil de soltar.
5. Cien años de soledad, Gabriel García Márquez (1967)
La excepción de la lista en tamaño, y también la más famosa. Siete generaciones de Buendía en Macondo, desde la fundación hasta el viento que se lo lleva todo. Un consejo práctico: no intentes recordar quién es cada Aureliano; déjate llevar y, si hace falta, usa el árbol genealógico que traen muchas ediciones. Es una novela para leer en compañía, aunque solo sea para quejarse juntos de los nombres.
Y después
Si alguno te ha gustado, márcalo como leído, ponle estrellas y cuéntalo: una reseña de tres líneas vale más que un «me gusta». Y si te apetece leerlos acompañado, en los clubes hay uno dedicado a los clásicos en español.